Que hablen de mi aunque sea bien… (y 2)

Si la primera parte  de este post se refería a  las false news como una práctica generalizada para generar buzz, en esta ocasión toca referirse a otra práctica, menos popularizada (afortunadamente) de generar notoriedad de marca a cualquier precio.

Me refiero a la mal llamada publicidad comparativa. Disfrazada de hiperrealismo, se traduce en atacar de forma abierta y descarada a las marcas de tu competencia con argumentos más o menos sólidos, pero siempre contundentes. ¿A que todos tenemos en mente alguna marca? Don Simon. A lo largo de los años, la marca de Gacía Carrión se ha dedicado a compararse contra Minute Maid, Sunny Delight, Pascual y recientemente Granini. Cualquier intento de defensa fue en vano, como la reclamación puesta por Pascual ante Autocontrol  – con quienes terminaron enzarzados en una auténtica guerra fría –  o la demanda interpuesta  – y perdida – por Granini.

Durante mucho tiempo prohibida en nuestro país y aún hoy mal vista por cualquier publicista que se precie de serlo, la publicidad comparativa es aquella que basa su mensaje en compararse de forma lineal contra una marca de la competencia. Así de claro, así de insano…

Si lo único bueno que puedes decir de tu marca es cuán mala es la de tus competidores, estás en un grave problema.

Es verdad que existen argumentos científicos y empíricamente comprobables que apoyan estas afirmaciones, pero no es menos cierto que este tipo de publicidad es poco elegante y amoral. Siempre hay algún argumento positivo que juegue a tu favor. Siempre hay algún dato o hecho en el que te puedas apoyar para defender tu marca. No es necesario hacerlo pisoteando las flores del vecino. Salvo que te quieras encontrar en un problema.

El mundo de la publicidad así lo entiende. La mejor prueba de ello es que ninguna otra marca – ni siquiera los competidores de Don Simón – ni ningún otro sector ha recurrido a la publicidad comparativa en este país. Y yo les aplaudo por ello.

La búsqueda de la publicity y notoriedad de marca  no es una carta blanca donde todo vale. Las buenas prácticas parecen quedan aparcadas a favor de la eficacia en la comunicación. No creo que nadie salga beneficiado de esta sórdida madeja de escaramuzas y encerronas.

Levantemos nuestra copa y brindemos porque el respecto de las normas del juego entre caballeros, porque la elegancia y el saber estar devuelvan la nobleza a nuestro trabajo. Bastantes enemigos y perseguidores tenemos ya sin demasiada justificación como para encima buscarnos mala reputación nosotros solitos.

Digo yo…

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