Spotify, ¿ángel o demonio?

Pongamos las cartas sobre la mesa: soy un enamorado tanto de Spotify como de la radio, como medios de comunicación y como medios publicitarios como ya escribí alguna vez sobre ello. Sin embargo, desde aquel antiguo post, escrito en un momento coyuntural en el que las inusuales deflaciones de costes televisivos habían dejado a la radio obsoleta publicitariamente hablando, hasta el día de hoy, muchas cosas han cambiado… para poder seguir siendo iguales.

Por una parte, la radio es, y sigue siendo, un medio de comunicación mágico que aporta cercanía, credibilidad y engagement con su audiencia. En ese sentido, nada ha cambiado, salvo a mejor. Con la constante defragmentación de audiencias televisivas, el sol brilla alto y con fuerza sobre las emisoras de radio, que gozan de una época de vacas gordas con audiencias muy fieles y locutores convertidos en estrellas mediáticas hasta el punto de que en el firmamento radiofónico hoy brillan mas estrellas que nunca: Fran Blanco, Paco González, Carlos Herrera, Javi Nieves, Saenz de Buruaga, Gemma Nierga, Jose Ramón de la Morena, Carlos Alsina, Colmenarejo, Julia Otero, Juan Ramón Lucas, Toni Garrido y un sinfin de estrellas más…

Por otra parte, y publicitariamente hablando, los costes de la televisión ya vuelven a ser cómodamente altísimos, haciendo con ello una buena limpia de marcas que, de forma natural, nunca hubieran pisado una parrilla televisiva como anunciantes y que resultaban molestas a las audiencias televisivas por la baja calidad de sus propuestas comerciales. Parte de estas marcas han encontrado en la radio un espacio más lógico para su plan de medios, dados los menores costes de producción de piezas publicitarias en este medio.

Con todo, parece que aquellos lejanos pronósticos que daba sobre una tendencia hacia integrar más y mejor radio convencional y digital se van cumpliendo y, en la actualidad, existe más de una cadena cuya audiencia digital es igual o superior a la 1.0. Y también más de una cadena se ha subido al carro de la integración presupuestaria, creando paquetes multimedia donde venden todos sus soportes simultáneamente (hasta sus espacios en redes sociales, que los hay muy cucos…).

Y en medio ese panorama, Spotify sigue liderando una nueva forma de comprender o evolucionar este cambio en el medio, a medio camino entre la radiofórmula y los players de música tradicionales. Su catálogo musical y su evolución hacia la integración en social media le ha dado más atractivo y pegada de cara al consumidor hasta el punto de que, desde que vieron luz en 2006 en Estocolmo hasta el día de hoy, cuentan ya con más de 10 millones de usuarios (4 millones sólo en España, si sumamos sus cuentas free+open, y con una proyección que puede llevarles a entre 6 y 7 millones de usuarios hispanos a fines de 2011).

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Sin embargo, parece que soplan vientos de cambio en esta plataforma de streaming, surgida para ofrecer una solución alternativa que les salvara el culo a las discográficas con una propuesta a medio camino entre las descargas ilegales y los precios abusivos de éstas. Recientemente (el pasado 14 de Abril para ser exactos), Spotify nos sorprendía con una nota en la que anunciaba un cambio drástico en sus servicios:

  • Desde el 1 de mayo, los usuarios con cuentas free (quienes superan el 95% del total de cuentas de Spotify) han visto reducida su accesibilidad a los servicios gratuitos, limitados ahora a “sólo” 10 horas a la semana.
  • Por otra parte, un usuario hoy solo puede escuchar una misma canción un máximo de 5 veces a la semana sin pasar por caja previamente.

Con ello, el portal sueco se propone promocionar el acceso a través de cuentas premium o de pago, que no disponen de estas limitaciones y a las cuales no impacta la publicidad. Para ello han creado 2 tipos de perfiles de pago: cuentas premium o unlimited, con el coste de 10 y 5€, respectivamente. Los motivos que argumenta Spotify para ello son la necesidad de financiación para poder pagar royalties y mejorar el servicio de cara a sus usuarios. La realidad es que su modelo de explotación ha sufrido algunos varapalos, como en el caso de Francia, donde la fuerte competencia local de Deezer ha supuesto un traspies a los objetivos de la empresa, a consecuencia de lo cual, dicen las malas lenguas, ahora andan necesitados de buscar y ampliar nuevas fuentes de financiación.

Personalmente creo que estas limitaciones vienen de una infraexplotación de las posibilidades publicitarias que la plataforma tiene y que la hacen absolutamente incomparable. Un soporte donde cuentas con 1.300.000 usuarios únicos diarios que te oyen en un entorno directo, donde tienes oportunidad de generar un doble impacto sobre ellos (audio=cuña + click/impresión) en un soporte donde compites con muy pocas marcas en notoriedad y en la que se pueden hacer trajes a medida bastante interesantes (skin, streamings en directo, rich media, ad pages…) es algo que, francamente, no abunda en el mercado. Quizás la marca debería hacer algo más para poder hacer llegar estas ventajas a  anunciantes y agencias de medios ya que muchos de ellos, por perfil de edad o por otras limitaciones técnicas, no terminan de ser plenamente conscientes de tales ventajas.

Evidentemente, esta medida ha supuesto una reacción inmediata por parte de muchos usuarios que se han lanzado en masa a criticar estas medidas. Cualquier costumbre cuesta de romperse y más en el entorno online, donde está mas que demostrado que las propuestas de pago no suelen tener un futuro muy brillante. Entre la red se ha popularizado y ha corrido como la pólvora aquello de “bye, bye, Spotify…“.

Sin embargo, la marca afirma que 7 de cada 10 usuarios de Spotify utilizan la plataforma menos de esas 10 horas semanales (equivalentes a unas 200 canciones aproximadamente). De este modo, los principales afectados por las nuevas medidas van a ser, como es lógico,  los heavy users de Spotify, quienes van a verse obligados a pasar por caja si quieren mantener sus actuales niveles de uso, o volverse a descargar a eMule (con la salvedad de que ésto ahora puede acarrearte graves problemas legales). Sinceramente, consumir más de 10 horas semanales de un portal que te aporta contenidos inéditos – como es un amplio catálogo musical sin competencia en el mercado – con apenas carga publicitaria bien valdría pagar por 5 miserables euros mensuales, pero en esto del online, como en todo, la audiencia es soberana y todopoderosa…

En contraprestación, Spotify tiene previstas algunas nuevas alegrías para reconciliarse con sus fans y usuarios. Tras anunciar su reciente alianza con Apple para permitir descargas en offline en el iPod posicionándose de este modo como alternativa a iTunes, ahora se ha lanzado a mejorar su experiencia de uso en Android  como parte de la estrategia por su fuerte apuesta por las aplicaciones móviles como fuente de desarrollo a corto plazo.

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Aunque lo mejor está por llegar

Con todas estas novedades, Spotify aún guarda como oro en paño 2 balas en su recamara. Una de ellas, que verá la luz en algún momento durante los próximos dos meses, podría tratarse de la entrada en su catálogo mundial de alguna de las grandes discográficas con las que aún no han firmado un acuerdo global (hasta ahora, EMI, Sony, Universal, Warner, Merlin y The Orchard) o bien la entrada de alguno de los artistas importantes que todavía no están en el agregador de Spotify (Metálica, AC/DC…). Quien sabe, hasta podría tratarse de algún acuerdo con Apple Records, la discográfica de The Beatles, hasta el momento los grandes ausentes en la plataforma y cuya web es extraordinariamente verde….

O tal vez sea la noticia, aún caliente, de una posible alianza entre Google y Spotify con la que el gigante de Mountain View contrarrestara el último movimiento dado por su competidor Microsoft con la compra de Skype. Y ya sabemos que los piques entre Google y Microsoft, Apple mediante, suelen hacer saltar chispas por todas partes. En todo caso, sería esta una gran noticia para todos que veríamos como, de la fuerza conjunta de ambos gigantes, sale un producto llamado Google Music que, de otro modo iba a tener pocas opciones de éxito.

La otra bala, que no veremos desvelada hasta finales de año, podría tratarse de la consolidación del rumor – no confirmado y mas que desmentido por la marca -que corre por la red acerca de una posible integración con un portal de descargas de películas. Aunque en este sentido, tengo que admitir que estoy absolutamente desorientado. La única idea es que al parecer va a suponer un auténtico bombazo para la marca. Por si acaso, permaneceremos con las orejas y las alertas bien abiertas….

Mientras tanto, cuando el futuro inmediato de Spotify se bambolea en el trampolín entre sufrir un fuerte retroceso o dar un definitivo paso adelante tras su salto al vacio, los millones de usuarios que ya tiene seguiremos conectándonos a nuestros auriculares y desconectándonos del ruido del mundo para oír durante unas horas a la semana (diez, para ser exactos…) nuestra música favorita a través de un espacio que parece creado por y para la generación 2.0. Esperemos que siga siéndolo durante mucho tiempo. Por el bien de todos.

Spotify citas

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