La Publicidad Debe Volver a Casa

Hace justamente ahora dos años que el gobierno ZP ejecutaba una de las decisiones más controvertidas y estúpidas de cuantas llevó a cabo durante su ejercicio: la retirada absoluta de la publicidad en TVE. De este modo, la televisión pública, el lugar donde la publicidad televisiva – la más trascendental, más memorable y más eficiente de todas las publicidades, se pongan como se pongan mis amigos del clic – nació, dio sus primeros pasos y se encumbró como un majestuoso dinamizador de mercados y economías, perdía su principal fuente de ingresos.

out of orderCon esta decisión, tan discutida en su momento, los ZP Boys daban una vuelta de tuerca más a su pervertido plan de ensalzamiento de cadenas amigas, fieles a su ideología política. Enmarcada dentro de esta corriente, en primer lugar sentaron las bases a posibles fusiones de cadenas de televisión, con el objeto de salvar el escaldado culo a sus amigos de Prisa y, especialmente, a Mediapro, que había convertido a La Sexta y Público en los principales aliados mediáticos de Rodríguez Zapatero y le habían jaleado y respaldado desde su nombramiento como secretario general del PSOE, relegando a Prisa y a los díscolos spaguetti de Tele Cinco a un discreto segundo plano como soportes mediáticos afines a la izquierda socialista.

Zapatero daba esos pasos ante la terrible crisis financiera en la que ambas entidades se encontraban sumidas, con devaluaciones de su parque accionarial de hasta un 90% en el primer caso y rondando un 70% en el segundo. Pese a la ya creciente postura crítica que Prisa y, sobre todo Cebrián, empezaba a mostrar hacia el gobierno socialista, manteniéndose siempre fieles a su felipismo como bandera, ZP se consideraba obligado a realizar algún tipo de juego malabar de aquellos que tanto gustaba para poner a salvo el cuello de sus valedores periodísticos. Por su parte, Mediapro sentía en aquel momento el aliento en el cogote procedente de sus socios mayoritarios mexicanos, que mostraban claros síntomas de desesperación ante su enésimo fracaso a la hora de repetir el éxito empresarial de Televisa en España.

Una vez atados y desatados todos los cabos que permitían al mercado reagruparse a su conveniencia – todo el mundo daba por hecho que el movimiento natural sería la unión de Cuatro y Sexta, dos cadenas con trayectorias temporales, financieras e ideológicas tan paralelas que parecían hermanos siameses-, el gobierno ZP se dispuso a dar un nuevo empujón a sus amiguetes. ¿Cómo? Fácil: Retirando a TVE del juego.

Es cierto que varios miembros del gobierno no habían perdonado aún la agresiva postura política que la cadena pública había asumido durante el último gobierno de Aznar, con aquella imagen de Urdaci convertido en alegre cheerleader de los de la gaviota. Pero aquello no justificaba que, en vez de hacer lo que todo político español sabe hacer mejor que nadie en el mundo: tomar los bienes públicos y usarlos para su beneficio propio, se enmarronaran en vendettas y justicias divinas. Renunciaba quizás de este modo ZP a aceptar su manifiesta incapacidad para poder crear en torno a su interés particular grupos mediáticos extremistas y fanáticos, algo sobre lo que la derecha española podría darle sopa con ondas.

Sea como fuera, la realidad es que la publicidad dejó su cuna y se convirtió en proscrita, arrastrada por aquella ola de demonizaciones sociales tan en boga en aquel gobierno, como el tabaco, el alcohol o el uso libre de Internet experimentaron en sus carnes, benditas sean las madres que parieron a algunos y a sus complejos de enanismo mental.

Evidentemente, para poder llevar a cabo esta medida, se requería de un sistema de financiación externo ya que TVE pasaba a ser prácticamente incapaz de generar ingresos. Esta financiación provendría de las arcas del Estado, del dinero del resto de cadenas privadas – encantadas de ejercer de mamporreros y pagar el impuesto revolucionario con tal de ver el cadáver de su incómodo vecino público pasar por delante de su casa – y de las telecos, que no pintaban nada en este entierro pero acabaron pagando el pato simplemente porque pasaban por allí y tal, como si les hubiera dado por clavársela torcida a los fabricantes de limpiahogar; qué más da, ya que nos ponemos a sinsentidos uno que veinte??

Lo que siguió a todo aquello, es popularmente conocido:

  • Europa quiso meter mano por activa y por pasiva a la cacicada de hacer pasar por caja a las telecos y, aunque no lo consiguió, aquellas se resistieron y se resisten a soltar los cuartos como si fueran avarientas matronas rurales, algo que tampoco nos puede sorprender del todo.
  • Las fusiones de cadenas salieron rana y al final solo sirvieron para que las dos cadenas privadas con emisión en abierto que llevaban más tiempo en cadena, Tele Cinco y Antena 3, se comieran a los peces chicos. Plus ça change, plus c’est la même chose, que dicen mis primos los de alonsenfansdelapatrí.
  •  Las tarifas televisivas entraron en una inflación de costes que rondó el 45% en 2010 para desinflarse al año siguiente cuando la estupidez de la decisión tomada cobró forma y dimensión a ojos de todos. Coherente como un mercado español, creo que se llama a eso.
  • La economía española siguió en su espiral de decrecimiento y defunciones, ahora apoyada por la pérdida foreveranever de casi un 15% de los GRP’s disponibles. Sectores enteros cuyos consumidores pertenecen a targets con una alta afinidad en la televisión pública, como los menores de edad o las amas de casa, se quedaron sin oportunidad de llegar a su target y sus ventas se resintieron fuertemente. Jugueteros – todo el año – y anunciantes estacionales navideños – turroneros, cavas y sidras, perfumes… – vieron como sus coberturas decayeron y no tenían sustituto fiable para alcanzar a sus consumidores. Consecuencia: reducción de ventas = reducción de ingresos = reducción de personal = reducción de empresas. Vaya por Dios, ¿pero no habíamos quedado en que la Publicidad era el mismísimo Lucifer reencarnado? Mira tú que si al final fuera a ser que es necesaria para que tú o yo nos llevemos un plato de lentejas a la boca de nuestra familia…. Qué cosas se ven, Pardiez.
  • Ah, aún hay más: entre un 20 y un 25% de la inversión publicitaria desapareció para siempre. Anda que están los financieros como para que se la pongan botando y suavecita con la que está cayendo…. No faltaron los que aprovecharon la coyuntura para dar por siempre como pérdida una buena mordida a los presupuestos, para disgusto de los cuatro  ingenuos que crecían que Internet iba a ser capaz de asumir todo ese desvío presupuestario, que ya hay que ser incauto y simplón, cosas que pasan cuando te metes a jugar en el patio de los mayores sin serlo todavía.
  • ¿Y Su Altísima Majestad El Espectador? Ni se enteró de la movida, embaucado como estaba por la promesa de que TVE nunca volvería a emitir publicidad mientras veía como su programa favorito era interrumpido constantemente con cartelas de “volvemos en 3 minutos” para emitir cartones promocionales de cadena, promoción de programas e incluso promoción de productos de cadena como discos o entradas o conciertos que, si no son publicidad, se parecen como dos gotas de agua. Se me jodan mientras sonríen, por favor. Se nos ha quedado una cara de tontos como para parar un tren.
  • Y si optabas por sintozinar una cadena privada, te encontrabas con que todos los anuncios – los de verdad, no los que se parecen-mucho-pero-no-lo-son-aunque-molesten-igual – que no tenías en TVE estaban allí escondidos, los tíos jodios,  apretujados en bloques de 20 minutejos entre medio de los cuáles algunas cadenas hasta emitían de vez en cuando programación y todo. O te vendían una crema de afeitar mientras te mostraban el anticiclón de las Azores, verbigracia de la maravillosa Ley General de Contenidos Audiovisuales, otra joya de la corona del legado ZP a la humanidad hasta que el Tribunal de la Haya pase cuentas algún día…

Hoy, a resultas de todo este maremágnum de sinsentidos, estupideces supinas y errores dramáticos, nos encontramos con un mercado publicitario televisivo que concentra el 85’6% de su oferta en dos manos antagónicas, excluyentes e irreconciliables, con el riesgo que ello supone para la libre circulación del mercado, para la limpia competencia de precios, para la libertad de compras, negociaciones y contrataciones. Y esto, querido lector, es algo que te puede tocar la moral hasta extremos agudos. Porque si las cosas se ponen más difíciles, mas mercados van a pasarlo mal, requiriendo una mayor inversión publicitaria que irá en detrimento de otras partidas de gastos, como los salariales sin ir más lejos, o bien reduciendo la presencia publicitaria lo que, irremediablemente, provoca una reducción de las ventas, que obligará a hacer reajustes en otras partidas de gastos, como los salariales sin ir más lejos. O tal vez en ambos casos, tenga su repercusión directa sobre el precio final de producto y se le aplique a éste los incrementos de gastos publicitarios. ¿Cómo se te queda el cuerpo? Pues ya somos dos; toma el rollo y tira de la cadena cuando acabes.

En cualquier caso, 2012 arranca con dos noticias preocupantes que se ciernen sobre nuestras cabezas. En primer lugar, el anuncio de la profecía de los mayas acerca de que éste será el año del fin del mundo. En segundo lugar, y mucho más preocupante aún, la reducción del presupuesto público de financiación de RTVE en 200 millones de euros, una sexta parte de su presupuesto inicial. ¿Será esta segunda medida una consecuencia de la primera o tal vez sea causa que nos lleve a la hecatombe?

Mire usted por donde que me da a mí cierto tufillo que se haya confabulado la salida de ZP del gobierno, la fusión fría de Antena 3 y Sexta con su consiguiente concentración de mercado y la entrada en el ajo de Mariano & friends – taaan simpatizantes de TVE – para, en su conjunto, favorecer la creación de un caldo de cultivo propicio para la vuelta de la publicidad a la televisión pública. Y creedme si os digo que esta es una gran, gran noticia, posiblemente de las poquitas buenas que vayamos a tener para llevarnos a la boca durante 2012.

De este modo, se podrían contener mejor los costes publicitarios, se recuperaría parte de la financiación de la cadena con el consiguiente alivio a las arcas públicas, se aliviaría presión al resto de cadenas mejorando su consumo, se reduciría la carga impositiva a las telecos – que nadie piense que vayan a bajar los tarifas por ésto, estaríamos buenos… – y se recuperaría el espacio natural para que determinados sectores vuelvan a tener un contacto con su consumidor natural. Ah, por supuesto, y se crearían puestos de trabajo en un sector, el de la publicidad, repleto de parados provenientes de Cuatro y Sexta a quienes las cadenas digitales todavía no tienen fuerza para absorber.

Young Boy Watching Television

Y el espectador dejaría de tener que sufrir 3 minutos de publicidad encubierta de telepromoción de cadena – que siiiii, que ya sabemos que Águila Roja es el líder de la noche de los miércoles y que los Alcántara llevan 10 años con nosotros, pesaaaaados – para ser sustituidos por 3 minutos de Pu-bli-ci-dad (así, a lo Pepu Hernández) y volviéramos a emocionarnos con anuncios de esponjas metálicas que cantan, latas de refrescos que tienen viajes alucinógenos e incluso patos que anuncian cervezas sin alcohol ni gracia.

Bueno, esto último casi mejor que no. Antes que eso casi mejor que preferiría que los coleguillas mayas tuvieran razón después de todo, qué quieres que te diga….

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