Las 4 actitudes empresariales mas frecuentes frente al social media

Llegó la hora de la verdad, ya no valen las excusas. Hasta ahora cualquier empresa, sobre todo las PYMES, habían encontrado razones con las que librarse de dar el salto al digital. Que si no tengo presupuesto para tener una web en condiciones, que si el único buscador que necesito son las páginas amarillas, que si para hacer display ya pongo yo un nuevo rótulo en la fachada… Con la llegada del social media la falta de presupuesto no es motivo. Y la falta de conocimientos, menos. Al fin y al cabo, el 99,99% de las empresas tampoco los tienen y se meten igualmente en ella. ¿Quien dijo miedo? De valientes está llena la cola del INEM…

Con la irrupción del social media, toca quitarse las caretas. Y entonces es cuando se hacen evidentes determinadas actitudes empresariales y de gestión que realmente no son territorio exclusivo de este entorno pero que adquieren una visibilidad pública. En realidad, son actitudes muy estereotipizadas, típicas y tópicas, comunes a una gran parte de las empresas que conocemos o que nos rodean. Apostaría a que todos seréis capaces de poner nombre y apellidos a empresas, gerentes y directivos para cada una de estas tipologías. Por desgracia.

Le he dado muchas vueltas al tema y, aunque podrían establecerse diferentes subcategorías basándonos en la intensidad y cercanía hacia cada una de estas actitudes, la regla general lo simplifica en 4 modelos básicos:

1. Negación: Muy fácil. Se basa en cerrar los ojos y mirar hacia otro lado, como si desde modo el social media dejara de existir. Es una actitud propia de ese tipo de empresarios y directivos que siguen mostrando serias dudas respecto a que la tierra realmente no sea plana. Cuando les hablas del valor que aportan las redes sociales a la comunicación y gestión de clientes de una empresa, empiezan a gritar como matronas a la vista de un ratón, se tapan los oídos y repiten en su mente “piensa en un lugar feliz, piensa en un lugar feliz” mientras se balancean sentados contra la pared en una esquina.. Para estas empresas no existe la crisis, ni la globalización, ni el just-in-time, ni la informática, ni el marketing. Todo eso no son sino mariconadas que se sacan de la manga los modernos para justificar sus pérdidas y desviar la atención, piensan mientras se ajustan los manguitos, se suben la visera y mojan la pluma en el tintero. Clásicos, como el botijo relleno de anís.

2. Esto-no-va-conmigo: Una segunda actitud, diferente a la primera, es la del gestor que reconoce que las redes sociales existen, que son usadas cada vez por mas empresas pero que piensan que no tienen utilidad en la suya propia. Normalmente por un desconocimiento supino de la materia. O por una sobreexposición a algún gurú, evangelizador o charlatán similar que le ha llevado a odiar la materia – en este último caso, podría llegar a sentir cierta simpatía por estos señores-. El escéptico por convicción tiende a creer que las redes sociales son una gilipollez para chavalucos donde hay demasiada publicidad – lo de spam ni saben lo que significa – y están convencidos que se trata de una moda pasajera, como el zinitione o el blue-ray. Se sienten aliviados al no tener que despertarse en mitad de la noche a causa de una pesadilla en la que su reputación online era violada por una turba de tuiteros violentos. O de tuiteros, en general. Y se frotan las manos pensando cuánto dinero está perdiendo su competencia en esta tontería mientras su empresa se dedica a cosas mas serias como a contar los baldosines del suelo porque clientes, lo que se dice clientes, no es que entren muchos… Escépticos, como un mecánico en el paddock de McLaren.

3. Hipermegafan geek: En el extremo opuesto de la balanza están los conocidos como los Webber, porque se pasan siempre de frenada. A estos lo de las redes sociales no es que les convenza, es que les pone cachondos. Han prohibido a sus empleados hablar directamente con sus clientes y les obligan a hacerlo a través de Twitter. Para convocar una reunión de dirección no usan Outlook, montan una quedada en Tuenti. Porque son jóvenes, insultantemente jóvenes. Sus empleadas piensan que les están tirando siempre los trastos porque sus whatsapps no paran de silbar durante las 24 horas del día. No tienen escaparate, tienen Pinterest. Están convencidos que lo de la crisis no va con ellos porque ya tienen más de 80.000 fans en Facebook; de algún modo mágico se tendrán que convertir antes o después en clientes y en ingresos. Y el hecho de que el idiota de Zuckerberg no haya sido capaz aún de conseguirlo no los ahuyenta, sino que les ratifica en su opinión. Frikis, como el kiosquero de Dot King.

4. Becaristas: Estos son los más listos. Creen en el social media, les parece interesante y útil pero no llegan a mojarse los pantalones cuando piensan en ello. Le dan al tema la importancia justa y lo imponen en su empresa pero por algún motivo piensan que esto del social media no supone gastar ni un chavo. De los creadores de “usad el papel higiénico por las dos caras” y “traeros las grapas de casa”, ahora llega “Los Becaristas”. Porque, al fin y al cabo, ellos ya se han abierto un perfil en Facebook y nadie les ha pedido su número de cuenta aún. Así que ¿por qué tendrían que gastarse un duro en esto? Si es muy fácil: le das a un botón y se hace todo solo… Conclusión: al becario le acaba de caer un nuevo marrón. Y no es pequeño… Agarraos, como un chotis para cojos.

Vale, todo esto no es más que una vil exageración. Todos sabemos que también existen compañías que creen en el poder del social media para la comunicación, el marketing y la gestión de clientes y comercial de su empresa sin llegar a otorgarle un valor por encima de sus realidades. Asignan a su gestión un presupuesto compensado y profesionales debidamente formados y competentes.

Sí, hombre, empresas así también existen. Como, por ejemplo… No, bueno, esa no. O tal vez… No, esa tampoco. Ostras, claro, también está… no, esa no vale…

En fin, que esto es del justo punto medio en la aplicación empresarial de las redes sociales es como las meigas, que haberlas haylas, pero yo, por si acaso, paso de hacerles follow… que en Twitter todo se sabe.

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