Malas noticias: tú no eres Apple. Y lo sabes

Me agota un poco oír a tantas compañías que hablan de identificarse como el futuro Apple. Más que nada porque la mayoría distan mucho de poderlo ser a corto o medio plazo. No me malinterpretéis; en principio, suena bien eso de tomar a Apple como benchmark de cabecera; no es una mala referencia, desde luego…. Hace tiempo que Apple se ha asentado en la mente de los marketinianos – disculpadme que no diga marketeros pero es un palabro repelente, casi a la altura que lo de “Internet de las cosas” – como paradigma de la Excelencia, el Inconformismo, la Creatividad y la obsesión por la Perfección. Difícil encontrar una mejor filosofía empresarial; integrada en tu compañía, supone un compromiso ineludible y permanente para elevar tu status quo hasta niveles superiores de calidad, para terminar algún día convertido en referente no solo de tu categoría, sino del mercado global.

El problema es que muy pocas compañías tienen la energía, coraje y autoexigencia necesarias como para conseguirlo. Así que se te cae el cielo sobre la cabeza cuando un mal día escuchas las tan temidas palabras:

Visión de empresa: “queremos ser el Apple de xxxxx” (aquí añade el sector que te de la gana; sea cual sea, no dudes que habrá alguien que aspira ser el “Apple de”).

apple

Es probable que alguna vez te hayas tenido que enfrentar a este caso. En las carnes de tu compañía o en las de alguno de tus clientes. Y de no ser así, no te relajes porque tienes muchas papeletas para que suceda en el futuro. Tarde o temprano, (casi) cualquier empresa con vocación de liderazgo o relevancia en su mercado sufre una especie de catarsis mental o crisis paranoide que le lleva irremediablemente a posicionarse como “Apple_deista“. Da igual que sea el Apple de los chorizos confitados, el Apple de los martillos de doble punta o el Apple de los preservativos de sabores; antes o después (casi) todos quieren ser un el Apple de.

Cabría esperar que, a partir de ese momento, en tu empresa se instalaran férreos procesos de control de calidad, se lanzasen sesudos programas hiperselectivos de identificación y reclutamiento de talento, se integraran técnicas de estimulación de la creatividad y, sistemáticamente, se replantease hasta los mismísimos cimientos de la compañía, en búsqueda de áreas de mejora y perfeccionamiento. Pero rara vez sucederá algo así. Y lo sabes.

Por el contrario, lo que es más probable que suceda es la generación espontánea de una destructiva espiral de caos y confusión, en la que las desconcertadas tropas terminarán golpeándose la cabeza contra una pared, enloquecidas por una interminable retahíla de órdenes y contraoórdenes, cuestionamientos sin sentido, ideas peregrinas y pérdidas de identidad.

Hazte a la idea de que esto acabará por pasar; seas quien seas, seas como seas; me da igual. ¿Que cómo puedo estar tan seguro de ello, aunque no te conozca? La verdad es que sobran motivos para ello; hay demasiados, más bien. Déjame que te los resuma en esta lista, y te los explique detalladamente, de una vez por todas:

  • No tienes a Steve Jobs. Básicamente, porque Steve Jobs solo hay uno. Ni Wozniak, ni Zuckerberg, ni Gates ni Brin ni Pages. Ni tan siquiera Dans. Y lo sabes.
  • No tienes a Wozniak. Tus ingenieros y diseñadores pueden ser la pera. Pero no le llegan a la suela de los zapatos. No hay un solo Wozniak; no es que abunden, pero hay más de uno, contados con los dedos de las manos de un manco, pero haberlos, haylos. Pero no están en tu plantilla. Ni vas a contratarlos pagándoles más que tu. Y lo sabes.
  • No tienes un talento generador de un sinfín de ideas originales. Aunque no se llame Jobs. Entiéndeme, genialidad tenemos todos. Tal vez nos alcance para un par de grandes ideas; quien sabe, con un poco de suerte, llegue hasta la media docena. Pero el desbordante, contínuo e interminable derroche de imaginación que tenía Jobs, solo lo tuvo Jobs. Y lo sabes.
  • No te lo cuestionas todo, siempre y hasta extremos de harakiri empresarial; vivimos demasiado pegados a nuestros sillones y a nuestras carteras. Para ser Apple hay que ser un poco kamikaze. Estar dispuesto a retrasar un lanzamiento un par de años por el único motivo de que tu prototipo es sólo muy brillante, pero no condenadamente perfecto. Tú no eres así; tus accionistas no te lo permitirían. Porque saben que no eres Jobs. Y lo sabes.
  • No torturas a tus empleados hasta la extenuación en pos de la perfección. El paso del tiempo ha sido muy benévolo con Jobs, pero resulta que era un cabrón con pintas de la peor calaña. Capaz de explotar a sus empleados hasta el extremo; capaz de rechazar mil veces prototipos cuasiperfectos por nimiedades improductivas; capaz de hacer que, a su lado, la chusma de France Telecom y su oleada de suicidios pareciera un simpático juego de niños. Tú tienes escrúpulos, por muy pocos que sean. Y lo sabes.
  • No sabes crear lo que no existe. Vamos, admítelo; eso está al alcance de muy pocos. Si alguien te dijera que “la gente no sabe lo que necesita hasta que se lo pones delante”, le mandarías hacerse un análisis psiquiátrico. Por mucho que tenga razón. Porque hace falta ser un visionario para identificar a un visionario; hace falta ser un visionario para adivinar lo que necesita la gente, siendo tú tambien gente. Y lo sabes.
  • No crees en el pensamiento Zhen. Te suena a cuento oriental. Aunque quede muy bien en un powerpoint. Aunque te pongas trajes con cuello mao. Aunque te compres un libro sobre el Feng Shui. Lo del equilibrio de formas, composiciones, colores y armonías te supera. Tal vez sea que no ves suficientes películas de Bruce Lee, pero el hecho es que realmente no tienes ni pajolera de qué va todo ese rollo. Porque nadie lo sabe; en realidad, era la excusa que utilizaba Jobs para expresar que El Proyecto o El Mercado no estaban suficientemente maduros para ser presentados. Y lo sabes.
  • No tienes un equipo que te desafíe. Que te impulse a superarte constantemente, a ser mejor y mejor y mejor; que te diga a la cara lo que opina sin ningún escrúpulo y te desarme tus argumentos para obligarte a autosuperarte. Apenas fue capaz de conseguirlo Apple; imagínate tú. Porque en realidad no quieres escuchar NO con mucha frecuencia. Y lo sabes.
  • No inviertes presupuestos astronómicos en investigación y desarrollo. No me cuentes milongas; si no eres Apple, no lo haces. Y lo sabes.
  • No construyes sistemas cerrados ni microcosmos endógenos. Vale, tal vez seas Google y creas que lo has hecho, que lo has podido imitar. Mala noticia: despierta, no lo conseguiste. Sólo Apple ha sido capaz. Todavía nos seguimos preguntando cómo demonios lo hizo y cómo se lo hemos permitido, pero es un hecho incuestionable. Por muy absurdo que parezca. Y lo sabes.
  • No sabes hacerlo. Sólo las marcas mediocres se plantean ser un “me too”. Pero hace falta ser mediocre y necio para pretender ser un “me too” del mas grande. Y lo sabes.

Y sobre todo, y por encima de todo, no eres Apple porque, no nos engañemos,…

Apple no hay más que una y, a tí, te encontramos en Google.Y lo sabes.

Y ¿sabes lo que es peor? Que mientras has perdido el tiempo intentando ser quien no eres y tratando de imitar lo que nunca podrás imitar, también has perdido una maravillosa oportunidad de crear tu propia identidad, tu propia filosofía, tu propia idiosincrasia y tu propio estilo, llevarlo hasta la excelencia y convertirlo en un nuevo referente del mercado. Y esa, amigo, esa sí es una verdadera mala noticia. Y ahora pregúntate un vez más:

¿Tú también quieres ser aún un “Apple de”?

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